En este tiempo se advierte con preocupación una sociedad con un tejido social cuasi-desintegrado. La problemática actual ofrece una complejidad que dista mucho de la sociedad de décadas pasadas. Esa problemática nos obliga a no mirar el conflicto sólo desde un ángulo, sino que nos coloca en la necesidad de hacer un mayor esfuerzo que consiste en subir un escalón más para observarlo desde otra perspectiva, sólo así podremos lograr ponernos en los zapatos del otro para intentar primero, y resolver después, los problemas estructurales que aún nos aquejan, como la pobreza, la desigualdad, la violencia, y la falta de inclusión social de los sectores más vulnerables.

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